Uno de los proyectos más macabros del III Reich alemán era inaugurar un museo con miles de objetos pertenecientes a la cultura judía para el supuesto uso y disfrute de sus visitantes. Su nombre: el Museo de la Raza Extinta.

La gran inauguración
Praga, Protectorado de Bohemia y Moravia, 1945 (futuro contrafactual) *.
Jana habría preparado todo hasta el último milímetro. Nada podía fallar. Si su plan salía según lo conveniente, aún podría vengar a toda su familia. Casi todos los mandamases del III Reich se darían cita en la gran inauguración del último museo de Praga. Sí, aquel cuyas paredes y objetos se hallaban manchados de sangre. De la sangre de todo su pueblo. Ella era quizás, de las pocas supervivientes judías que todavía quedaban para contarlo.
No había sido nada fácil llegar hasta allí. Mientras que los asistentes iban llegando, Jana había echado un vistazo a la curiosa colección allí reunida: kipás, menorás, torás,…y todo como si fuese un mero «parque de atracciones». En cada uno de esos objetos, se escondía una historia personal. No había palabra en ninguna lengua del mundo que pudiese calificar semejante horror. De repente, a Jana le pareció oír unas voces:
-Le veo muy bien, Joseph. Y también a Magda. ¿Y cómo están los niños?-preguntó el ministro de armamento, Albert Speer, con una amplia sonrisa dibujada en su rostro.
-Me alegra volver a verle, Albert. Nosotros estupendamente, como ve, me he traído a toda la tropa jeje. Ninguno queríamos perdernos este evento por nada del mundo, ¿y qué tal usted?-respondió educadamente su homólogo de propaganda, Joseph Goebbels.
-La verdad es que no me puedo quejar. Contento con las últimas noticias. Parece que las potencias enemigas se avienen a firmar la paz definitivamente con nosotros después de tantos años de guerra-contestó esplendoroso Albert.
-Sí, eso parece. Por fin. Todo sea para la gran gloria del III Reich y de nuestro…-Goebbels se quedó a mitad de la frase, pues alguien más importante que él (a su pesar) había entrado en la sala.
-Chsss, señores por favor, aquí llega el führer- susurró uno de los asistentes que les acompañaban.
Ahí estaba. El premio gordo. Un hombre de unos 56 años, con evidente Parkinson y problemas de movilidad se acercaba al resto de la comitiva. El tiempo no perdonaba a nadie. Tampoco al que había sido el hombre más poderoso de Europa desde los tiempos de Napoleón Bonaparte, o al menos eso opinaban algunos. Jana se acercaría sigilosamente a él y después le haría volar en mil pedazos. A él y al resto de la cúpula nazi reunida para la ocasión. Aunque fuera a costa de su propio sacrificio.
Mientras todo el mundo ofrecía sus vítores al célebre invitado, otros le ayudaban a sentarse. Jana se había infiltrado secretamente entre la multitud haciéndose pasar por una oficial nazi a la que había usurpado la identidad. No tenía demasiado tiempo. El lugar que ocuparía ella no se hallaba muy lejos del ansiado führer. Tan solo debía simular lo suficiente, acercarse y después, con un poco de suerte… ¡BOOM! Estallaría la bomba que tenía pegada a su cuerpo. Pero entonces algo imprevisto ocurrió.
-Perdone, ¿nos conocemos?-preguntó una siniestra voz detrás de Jana mientras una mano le agarraba por detrás.
¡Maldición! La habían reconocido. O quizás no. El que le había hablado era Josef Mengele, también conocido como el «Ángel de la Muerte». Aquel lúgubre médico que había estado experimentando con ella y su hermana gemela Ester durante su terrible estancia en Auschwitz. Precisamente por el particular interés de Mengele, ella había podido salvarse de un destino mucho peor y finalmente escapar, no sin grandes esfuerzos. Sin embargo, su hermana no pudo tener la misma suerte.
Ahora se las veía cara a cara otra vez con aquel asesino después de tanto tiempo. ¿Pero qué estaba haciendo él aquí? ¿acaso algo la había delatado? Se suponía que Mengele no estaba dentro de la lista de invitados. Ahora todo el plan se podía ir al garete en un instante. Tenía que salir de aquella situación como fuera. Debía pensar en algo, aunque el nerviosismo podía jugarle una mala pasada. Ante todo, aparenta normalidad, se dijo a sí misma. Pronto acabará todo. Para bien o para mal.

-No creo señor, yo me llamo Hildegard, oficial miembro de la Liga Nacionalsocialista de Mujeres-la respuesta ya se la sabía Jana de memoria. Ojalá funcionase.
-Quizás me haya equivocado, lo siento mucho, disculpe-respondió Mengele algo apurado. Sin embargo, había algo en su mirada que no le gustaba nada a la infiltrada. Tenía que darse prisa en cumplir su misión.
-Señoras y señores, en breve va a dar comienzo la solemne inauguración del Museo de la Raza Extinta. Por favor, les rogamos que vayan tomando sus asientos-les conminó un organizador del evento.
Pero justo cuando Jana se disponía a abalanzarse sobre el líder nazi y acabar con todo de una vez, unos musculosos brazos la retiraron precipitadamente del lugar, mientras una lejana voz decía:
-Ya decía yo que me sonaba de algo. ¡Guardias, llévensela de aquí! ¡Deprisa!-aún pudo escuchar Jana mientras intentaba llegar al interruptor de la detonación y así poder llevárselos a todos al mismo infierno…
El despertar
Manhattan, Nueva York (EE.UU.), comienzos del siglo XXI (tiempo presente).
Tras sufrir una espantosa pesadilla, Jana se despertó sobresaltada. Miró a su alrededor. Todo seguía en su sitio, por suerte. En su larga vida, había visto mucho. Había sobrevivido al Holocausto. Había llegado a los Estados Unidos de América apenas con lo puesto y empezado una nueva vida. Ella había sido la única superviviente de toda su familia. De eso, ya habían pasado muchas décadas. Pero a pesar de ello, aún recordaba su estancia en Praga y los recuerdos lejanos de una vida pasada. Sí, su añorada Praga…
El Museo de la Raza Extinta
¿Y en qué consistía exactamente este terrorífico proyecto? Una vez eliminados todos los judíos de Europa, las autoridades del III Reich alemán tenían en mente la conservación del barrio judío de Josefov en Praga para así convertirlo en una especie de museo. En él, se exhibirían miles de objetos pertenecientes al pueblo judío previamente requisados. Por suerte para la humanidad, la derrota de Alemania en la Segunda Guerra Mundial ocasionó que dicho proyecto jamás viese la luz.

* Para el desarrollo de esta historia, hemos aplicado la técnica de la historia contrafactual, que ocurre cuando los acontecimientos históricos pegan un giro en un determinado momento para crear un futuro ficticio y responder a la pregunta de ¿y si…?
El autor de este texto no simpatiza con ninguna ideología totalitaria y únicamente se ha hecho este relato con el propósito de entretener.
Bibliografía
Balcar, V.; Havel, R.; Křídlo, J.; Pavlíková, M.; Růžková, J.; Šanda, R. y Škrabal, J. (eds.) (2006). Historický lexikon obcí České republiky 1869–2005 (Vol. 1). Praha: Český statistický úřad.
Spencer T., Priscilla M. R. (2005). ABC-CLIO, ed. World War II: A Political, Social, and Military History’.
Zimmermann, V. (1999): Die Sudetendeutschen im NS-Staat. Politik und Stimmung der Bevölkerung im Reichsgau Sudetenland (1938-1945). Essen.
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