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El «sueño eterno» de Qin Shi Huang

Muchos consideran que al abrir la tumba del primer emperador de China, Qin Shi Huang, podría desatarse algo ciertamente maligno, incontrolable para los mortales. Pero, ¿acaso es cierto? ¿Quizás sea mejor dejarlo en paz?

El emperador Qin Shi Huang ordenó moldear los soldados de terracota para que le acompañasen en su viaje al más allá. Fuente: eldiario.es

La penosa historia de Fu

Xianyang (China), siglo III a.C. Después de tantos años a su servicio, Fu contemplaba con cierto regocijo los que constituían los últimos momentos de vida de su amo y señor: Qin Shi Huang. El gran emperador de China. El hombre más poderoso e implacable que había conocido el mundo después de Alejandro Magno.

-Mi fiel Fu, acércate más, acércate por favor- emplazó Qin con un hilo de voz apenas audible. De entre todos sus sirvientes, Fu le había demostrado lealtad absoluta pasase lo que pasase. Tenía que ser él, no había otro.

-¿Quiere algo más, mi emperador?-Fu siempre tan servicial. Su vida siempre había dependido de ello, bien lo sabía él.

-Solo un último deseo. Quiero que me acompañes en el más allá. Has sido un leal servidor y me serás muy útil en la otra vida-pidió muy débilmente el emperador.

-Todo se hará según su voluntad-refutó Fu. No tendría la más mínima intención de hacer cumplir aquella petición. Faltaría más. Todavía tenía mucho que disfrutar de la vida terrenal.

-Gracias Fu. Ahora solo necesito descansar-Qin cerró los ojos y exhaló su último suspiro. Ya nada había que temer de aquel siniestro gobernante, ¿cierto? No obstante, su sombra era demasiada alargada como para bajar la guardia. Aún incluso después de muerto, pensó para sus adentros el astuto sirviente.

Retrato póstumo de Qin Shi Huang del siglo XIX

Fu podía considerarse muy afortunado, pues al contrario que muchos otros de su misma condición, él había conseguido sortear todos los peligros alrededor del emperador y sobrevivir. Desde joven, había maquinado en la sombra con éxito, escalando puesto tras puesto en la corte. Aún a costa incluso de vender a sus propios familiares y amigos. Mas la suerte nunca dura para siempre.

La muerte del emperador lo había dejado en una situación incómoda. No eran pocos los que ahora clamarían venganza contra él. Por ello, preparó un viaje urgente lejos de la capital provisto de un suculento botín. Por otro lado, Fu había destruido todos los documentos comprometidos. No podía dejar cabos sueltos. Pero antes de irse, recibió una repentina visita de un viejo conocido. ¿Y ahora qué ocurría?

Un joven oficial del ejército de Qin llamado Li, con cuyo padre había ajustado cuentas en el pasado, entró en su despacho acompañado por un pequeño séquito. Su expresión pétrea no parecía presagiar nada malo, en principio. Al criado imperial le gustaba tener cerca a sus amigos y a sus enemigos, más todavía. Por si acaso se torcían las cosas, saber donde asestar el primer golpe.

Pero, ¿y si salía algo mal? No, eso no era factible. No para alguien de la talla de Fu. Además, había comprado favores por toda China. Si algo se le enredaba, recurriría a su red de contactos ocultos para eliminar a todos aquellos que osaran interponerse en su camino. Incluido Li. ¿Qué estaría tramando aquel soldado? Mucho se estaba jugando tan solo con aparecerse ante su presencia.

-Se ha de preparar sin demora el cortejo fúnebre, tal y como ordenó el gran Qin Shi Huang-emplazó Li al criado imperial.

-Por supuesto. Todo está listo y dispuesto de acuerdo a lo convenido-respondió tranquilo Fu. Tenía todas consigo, ¿verdad? A ver si se iba pronto aquel molesto personaje. Debía partir cuanto antes.

-Hay algo más-añadió suspicazmente Li. El oficial guardaba un as bajo la manga.

-¿Ahh, sí? ¿Y de qué se trata, oficial, si puedo preguntar?-preguntó con cierto escepticismo Fu. Véte ya de una vez, maldita sea, pensó Fu. Tengo muchas cosas que hacer. No me lo fastidies todo ahora, iba meditando el maquiavélico sirviente.

-Debe acompañar al gran Qin Shi Huang en su descanso eterno, como él mismo dejó expresado-sentenció Li impasible. Ahora podrá vengarse de la muerte de su padre, purgado por esa víbora de Fu años atrás.

-Eso es imposible. Nada de eso es cierto. El emperador nunca quiso tal cosa-a Fu se le quitó el color de la cara de repente. Había dejado todo atado y bien atado, ¿o se le había olvidado algo? ¡Maldición!

El astuto oficial le enseñó entonces un documento con la firma expresa del emperador. En él, se explicaban con detalle todos los pormenores de su pomposo funeral. También del puesto que ocuparía cada integrante. Fu estaría en «primera línea», como invitado de honor. ¿Cómo podía haber sido tan despistado? Definitivamente, algo se le había escapado. Qué mala suerte.

Mapa de la civilización china a la muerte de Qin Shi Huang (210 a.C.)

Qin Shi Huang siempre guardaba una copia de todos sus documentos en secreto, por si acaso. Jamás se fió de nadie plenamente. Ni siquiera de ti, Fu, a pesar de todas tus estratagemas-masculló Li con una sonrisa de lo más traicionera.

-¿Cómo has conseguido todo eso? ¡No puede ser! Sólo eres un insignificante oficial-el sirviente no podía creer lo que veían sus ojos. Estaba desquiciado.

– ¿Acaso creías que tú eras el único con acceso exclusivo al emperador? La verdad es que me sorprende bastante tratándose de ti, Fu-se relamía con cada palabra el oficial.

-Tú serás el siguiente Li. ¡Al igual que hice con tu maldito padre! ¡Y con muchos otros!-se le ocurrió decir al insensato de Fu.

-¡Guardias, prendedlo!-a la orden de Li, sus hombres lo detuvieron al instante.

-¡Sucios perros sarnosos! ¡Idos al infierno!-escupió Fu con todo el odio del que fue capaz.

-Nada te salvará. Todo se acabó para ti-dijo el oficial sacando su afilada espada. Fu no tenía escapatoria. Ahora sabía que había llegado su momento. Aunque quizás todavía le perdonasen la vida si se arrastraba lo suficiente, caviló Fu. Ofréceles algo. Ya lo había hecho en otras ocasiones y le había funcionado. Solo había que insistir.

-¡Clemencia, clemencia! ¡Haré lo que sea! ¡Tengo oro, mucho oro! ¡Hay suficiente para todos! ¡Mujeres! ¿Queréis también mujeres? También las poseo-lloró amargamente Fu sabedor de su trágico e inexorable final-¡Dejadme vivir, os lo suplico! ¡Por favor!

No habrá paz para los malvados. Ni todas las riquezas y bienes del mundo te ayudarán ahora. La muerte te espera-dijo secamente el veterano oficial. Con un tajo limpio, rebanó el cuello del traidor. La sangre salía a borbotones. Se acabaron las intrigas por fin. Pues esto ya está, pensó aliviado Li al contemplar el cuerpo sin vida de Fu. Ya daría las pertinentes explicaciones ese lacayo en la otra vida. Seguro que se lo pasaría en grande.

-Organizadlo todo. Ahora el alma de Qin Shi Huang podrá descansar en paz. Para toda la eternidad-Li finalmente había vengado la muerte de su padre y cumplido la última voluntad del emperador. Todo en una. Que ni pintado. Nadie lo hubiera planeado mejor.

Contexto

¿Y quien fue Qin Shi Huang Di? De nombre inicial Yíng Zhèng, el que fuera el primer emperador de China entre el 221-210 a.C., se hizo llamar con un nuevo nombre. Uno que pasaría a la posteridad. Tras conquistar uno a uno todos los reinos combatientes*, Qin Shi Huang había forjado un gran imperio. Mas no todo fueron batallas. También hizo construir la primera Gran Muralla propiamente dicha, además de unificar sus territorios bajo un mismo sistema de leyes con el fin de aplacar a los señores feudales.

Pero había algo más. Obsesionado con alcanzar la vida eterna, Qin Shi Huang se hizo fabricar un grandioso mausoleo junto con un imponente ejército de terracota que lo acompañara en el mundo de los muertos. También se hacía preparar un brebaje a base de mercurio y jade, al pensar erróneamente que este le conferiría más años de vida. Se equivocaba. A los 49 años de edad, su alma había abandonado este mundo. Atrás dejaba un polémico legado a la vez que toda una hueste de ultratumba.

Imagen de los soldados de terracota. Fuente: mihistoriauniversal.com

La tumba secreta de Qin Shi Huang

Pocos años después de la muerte de Qin Shi Huang su dinastía quedó borrada de los anales de la historia. La capital fue saqueada y su tumba permanecería en el olvido durante más de dos milenios. Hasta la llegada del lejano siglo XX. En los años 70, unos humildes campesinos descubrieron por casualidad el que habría de convertirse en uno de los yacimientos arqueológicos más importantes del mundo. Se calcula que unos 8.000 soldados de terracota forman parte del complejo de Qin Shi Huang, los cuales reposan junto a su emperador. Como curiosidad, cada uno de ellos presenta unos rasgos físicos totalmente diferentes.

¿Y dónde se encuentra exactamente Qin Shi Huang? Aún no se ha excavado la tumba del primer emperador de China. Algunos creen que existen trampas mortales para protegerla de posibles saqueadores. También se piensa que podría haber elevados niveles de mercurio, según las descripciones de la época. Y no son pocos los que opinan que podría desatarse una horrible maldición al osar perturbar el sueño eterno del emperador. Aunque quizás esto tenga que ver más con el profundo respeto profesado a los antepasados presente en la cultura china. ¿Qué misterios nos aguardan a la espera de ser descubiertos?

Colina bajo la que se encuentra la tumba del emperador chino Qin Shi Huang. Aaron Zhu, CC BY-SA 3.0

*El período de los Estados o reinos combatientes comprende desde el siglo V a.C. hasta el 221 a.C., caracterizado por un enfrentamiento constante entre los diferentes reinos chinos hasta su posterior unificación bajo un imperio por Qin Shi Huang.

Bibliografía

Captivating History. La Historia de China.

Folch, D. (2023). «Qin shiguang di, el primer emperador de China». National Geographic. https://historia.nationalgeographic.com.es/a/qin-shiguang-di-el-primer-emperador-de-china_19330

Martínez-Juárez, P. (2023). «El verdadero motivo por el que los arqueólogos se resisten a abrir la tumba del primer emperador de China». https://www.xataka.com/magnet/verdadero-motivo-que-arqueologos-se-resisten-a-abrir-tumba-primer-emperador-china

P. E. (2023). «El porqué del miedo de los arqueólogos a entrar en la tumba del primer emperador de China». Elconfidencial. https://www.elconfidencial.com/cultura/2023-08-09/tumbas-explosivos-emperador-china_3715207/

Wood, M. (2023). Historia de China. Ático de los Libros.

Foto de portada de eldiario.es

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