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El tesoro oculto de Moctezuma

Dicen que tras la conquista del imperio mexica por el ejército de Hernán Cortés, se perdió un fabuloso tesoro perteneciente al emperador Moctezuma II. Y de existir, ¿acaso este se encuentra maldito?

Fotograma de la película «Piratas del Caribe: la maldición de la Perla Negra» (2003)

La historia de Carlos y Pedro

Principios del siglo XVI. Carlos y Pedro. Dos valientes castellanos decididos a embarcarse rumbo a lo desconocido. Su oportunidad no se hizo esperar demasiado. Un extremeño de nombre Hernán Cortés, estaba reclutando hombres para una misión trascendental. ¿Qué encontrarían en el Nuevo Mundo? Riquezas, gloria, fama…Todo podía ser. Una vez en las Antillas descubrieron un mundo totalmente inexplorado para ellos. Pero las ansias de Cortés ibán más allá. En tierra firme se contaba la historia de la existencia de un imperio repleto de oro. Tan sólo era cuestión de tiempo establecerse allí y pasar a las páginas de la historia. Por el rey y por España.

-Dicen que allá en tierra firme, se hallan las mayores riquezas que haya visto jamás el hombre-meditaba el ambicioso Carlos a su leal compañero de aventuras.

-Puede ser, Carlos. Y también podría ser que por allí nos encontremos muchos peligros imprevistos. Nadie sabe lo que nos espera-reflexionaba el no tan optimista y más precavido Pedro.

La expedición de Hernán Cortés había llegado con éxito a la esplendorosa capital mexica, de nombre Tenochtitlán. La ciudad edificada sobre el lago Texcoco era más inmensa y rica que cualquier otra que hubiesen conocido. Más esplendorosa incluso que Sevilla. Allí encontraron el fabuloso tesoro que custodiaba su emperador Moctezuma II. Los hombres de Cortés no esperaron mucho tiempo hasta obtener la última pepita de oro. Ahora eran más ricos de lo que podían llegar a imaginar. Pero todo se fue al garete durante la fatídica Noche Triste. Los mexicas se rebelaron contra los invasores venidos de Oriente. Había que huir de la ciudad como fuera. Y con el botín, a ser posible. No podían dejar escapar nada.

«La Llegada», por Ferrer DalmauCortés llegó a Tenochtitlán en el mes de noviembre de 1519

Mientras tanto, Carlos y Pedro habían perdido la cuenta de cuánto oro llevaban entre sus ropajes. Los mexicas iban pisándoles los talones. Pero el preciado metal les pesaba demasiado, tanto o más que sus propios pensamientos. La capital mexica era una trampa sin igual. El puente de Tenochtitlán que todavía quedaba en pie, era casi infranqueable. Caballos, hombres, armas y enemigos se agolpaban unos con otros luchando por su vida. Y oro, mucho oro. Demasiado incluso. De repente, un guerrero txalcalteca de nombre Maxixcaztin, les hizo señas a los castellanos para que arrojaran el oro al agua y así poder salvar su vida.

‐¡No puedo! ¡Es demasiado valioso!-gritó Carlos a su compañero indígena.

-¡Rápido, nos persiguen! ¡Sino nos damos prisa, moriremos todos!-chilló Pedro con todas las fuerzas de las que era capaz.

En ese instante, Pedro tomó una drástica decisión. Una que le haría conservar su pellejo. Maxixcaztin tenía razón. Después de todo, más valía vivir pobre que morir rico. Se deshizo de todo cuanto tenía. Pero a Carlos aquello no le pareció tan buena idea. ¿Tirar su oro? Eso nunca. Mientras que Pedro pudo huir de Tenochtitlán una vez liberado del lastre extra, su compañero sufrió un aciago destino. Sin querer renunciar a sus riquezas materiales, se fue hundiendo poco a poco en las oscuras profundidades del lago Texcoco. Por siempre jamás. Ya nunca volvería a ver la luz del Sol. ¿Por qué le había cegado tanto la fiebre del oro? ¿Es que acaso estaba maldito?

Contexto

La conquista del imperio mexica constituye, sin duda, una de las grandes epopeyas de la historia universal. La oportuna llegada del extremeño Hernán Cortés a las costas del actual México en el año 1519, produjo consecuencias más allá de lo cualquiera en aquella época hubiera podido imaginar. Pero no estaba solo. Junto a sus hombres, para sus planes también contó con la ayuda de aliados indígenas como tlaxcaltecas, totonacas o cholultecas. Además de un arma biológica inigualable: la viruela.

Episodios tan memorables tales como el singular encuentro entre el conquistador extremeño y el emperador Moctezuma II (8 de noviembre de 1519), la terrible Matanza de Tóxcatl (20 de mayo de 1520), la llamada Noche Triste (30 junio-1 julio 1520) o la épica batalla de Otumba (7 de julio de 1520), serían ampliamente recordados por las crónicas. La caída de la capital Tenochtitlán el 13 de agosto de 1521, culminó la campaña de Cortés. No obstante, aún quedaron algunos enigmas por resolver.

Serpiente azteca en mosaico de turquesas. Museo Británico

Durante la mencionada Noche Triste, Hernán Cortés y su heterogéneo ejército hubieron de huir precipitadamente de Tenochtitlán para salvar la vida. Esta ciudad se encontraba edificada en medio del lago Texcoco y se comunicaba con las orillas a través de varios puntos. Una auténtica ratonera. En esta situación, mientras escapaban, tuvieron que deshacerse de parte del botín conseguido, aunque aquí puede existir algo de leyenda. Pero ni Hernán Cortés ni sus hombres iban a renunciar así como así a su ansiado tesoro.

Tras la caída de Moctezuma II por su propio pueblo acusado de traición, le sucedieron dos nuevos huey tlatoanis o emperadores: Cuitláhuac (muerto por viruela) y Cuauhtémoc. Se dice que este último se deshizo del tesoro oculto arrojándolo a un pozo al ser revelado por sus dioses la inminente caída de Tenochtitlán. Él mismo sería sometido a tortura por los españoles con el fin de desvelar su paradero. Aún así, no pudieron obtener lo que buscaban. Para su desgracia, la ubicación del tesoro seguiría en secreto.

Ilustración del aspecto que tuvo México-Tenochtitlán

¿Dónde se encuentra El tesoro? ¿Está maldito?

Algunos creen que el tesoro oculto de Moctezuma podría hallarse en la actual Ciudad de México, en el mismo lugar donde se asentaba la antigua Tenochtitlán, la capital de los mexicas. Una de las teorías más verosímiles apunta al palacio Axayácatl, la que fuera la residencia del tlatoani Axayácatl, padre de Moctezuma II. Fue precisamente de una cámara secreta de este lugar de dónde procedía el preciado botín que Hernán Cortés y sus hombres acabaron perdiendo durante la conquista.

Quizás las ansiadas riquezas fueron escondidas en las inmediaciones del lago Texcoco, el cual sería desecado de forma reiterada posteriormente. También podría haber quedado oculto en cuevas secretas en las cercanías de la ya mencionada Ciudad de México. Incluso podría caber la posibilidad de haber sido llevado a otras regiones del imperio mexica por orden del mismo Moctezuma, para evitar que cayera en manos de los conquistadores. O que estuviese maldito para protegerlo de los posibles saqueadores.

Fuera de México, algunos han situado el codiciado tesoro en el estado de Utah (EE.UU). No han sido pocos los aventureros, como el minero Freddy Crystal, que se han atrevido a explorar el salvaje paisaje de Utah con el fin de hallar el supuesto tesoro perdido de los mexicas. Sin por ahora resultados tangibles. Parece que, la fiebre por el oro que tanto ha perseguido a la historia de la humanidad desde tiempos inmemoriales, todavía tendrá que esperar un poco para poder calmar sus ansias. Al menos en lo referente a las posesiones de Moctezuma.

Paisaje de Utah (EE.UU.). Fuente: visittheusa.mx

Ya en el séptimo arte, esta famosa leyenda hizo su aparición en la saga Piratas del Caribe, concretamente en «Piratas del Caribe: la maldición de la Perla Negra» (2003). En ella, una espantosa maldición se cernía sobre aquellos incautos que osaran usurpar el tesoro mexica de su lugar de reposo, condenándolos a existir por siempre como esqueletos en vida. Al menos hasta que se deshicieran del aciago hechizo. Quizás una poderosa lección que nos instruye a que no deberíamos sucumbir a la avaricia.

Cartel promocional de la película «Piratas del Caribe: la maldición de la Perla Negra» (2003).

Lo que sí es real es la llamada «venganza de Moctezuma», aunque nada tiene que ver con su riqueza oculta. Ésta hace referencia más bien a la llamada diarrea del viajero, provocada por los adversos efectos gastrointestinales que sufren ciertos turistas al no estar tan acostumbrados a la particular gastronomía mexicana. Sea o no cierta la leyenda del tesoro perdido de Moctezuma, está claro que no debemos airar a la voluntad de los huey tlatoanis. Nunca sabemos lo que nos podríamos encontrar, ¿verdad?

Bibliografía

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