No son pocos los que afirman que tras descubrir la tumba del faraón Tutankamón en 1922 por Howard Carter, se desató una horrible maldición. Pero, ¿qué hay de cierto o falso en estas teorías?

Una muerte imprevista
A Patrick siempre le habían gustado las novelas de aventuras. Lugares remotos y exóticos, misterios sin resolver, ruinas que descubrir… Ojalá él mismo tuviese la oportunidad de visitar alguno de aquellos lejanos parajes que aparecían en sus libros. Por lo pronto, tendría que conformarse con lo que le podía ofrecer el apabullante Londres, la capital del todopoderoso Imperio británico. Sus contactos en los más exclusivos clubes aún no habían dado sus frutos. Pero no le quedaría esperar demasiado tiempo hasta encontrar su recompensa. Un buen día, al abrir su correo matutino como de costumbre, le pareció ver una carta que destacaba sobre las demás. ¿De qué se trataría? Sin contener apenas la emoción, empezó a abrirla.
El joven Patrick estaba entusiasmado. Había recibido una invitación del mismísimo Lord Carnarvon para ser testigo de uno de los eventos del milenio: el descubrimiento de la tumba del faraón Tutankamón. Casi no podía contener la emoción. Su hallazgo por poco había resultado en fracaso. Patrick decidió partir cuanto antes. ¿Qué podía salir mal? Una vez en la enigmática tierra de los faraones, visitó sin más demora la que sin duda era la atracción del momento. Increíble. Cualquier descripción, por muy exagerada que fuera, se antojó lejana a la realidad. Sin embargo, a la salida, le ocurrió algo muy extraño. Una mujer de aspecto decrépito se le acercó, le agarró fuertemente de la mano y le espetó con una mirada muy penetrante a la vez que maligna:
-Guárdate de la maldición, joven, pues tu vida corre grave peligro en estos momentos-dicho esto, se esfumó de entre las sombras y se perdió su rastro. A Patrick se le pusieron los pelos de punta con aquella repentina visión. ¿Qué significaba todo aquello? ¿Sería verdad el presagio de aquella anciana? ¿O era un mito?

A su vuelta a Reino Unido, algo empezó a ir mal. Pasaron los días y su estado de salud no hizo sino empeorar cada vez más. Ahora se encontraba muy enfermo. Casi no podía respirar. Sabía que no le quedaba mucho tiempo en el mundo terrenal. ¿Pero como había acabado así? Antes de su viaje a Egipto se encontraba de maravilla. Había sido un hombre de complexión fuerte sin sufrir apenas dolencias. Lo único que había hecho era visitar la tumba de aquel faraón recién descubierto. ¿Acaso eran ciertas las habladurías sobre una supuesta maldición? Tanto si eran verdad como si no, ya poco importaba. Ojalá se hubiese quedado en su residencia en el tranquilo barrio de Putney, en Londres. Al final y cabo, Egipto ni le iba ni le venía. Pero antes de cerrar sus ojos para siempre, le pareció escuchar una voz de ultratumba muy lejana:
-Ahora podrás descansar, incauto mortal. Nunca debiste perturbar el descanso eterno del faraón, nunca-susurró con tono tranquilo pero firme aquel ser procediese de dónde procediese, mientras un aire gélido como el hielo se llevaba sus palabras hacia el más allá.
Contexto
Tutankamón fue un faraón del Antiguo Egipto perteneciente a la XVIII dinastía y que vivió entre el 1342 a.C. y el 1325 a.C. No fue un gobernante especialmente grandioso en comparación con otros muchos de su categoría, pues murió muy joven, antes de cumplir los 20 años. Se encargó de restaurar el politeísmo después de las reformas de su padre Akenatón, defensor de un monoteísmo basado en la superioridad del dios Atón. También volvió a establecer la capital en Tebas. Posiblemente Tutankamón no hubiera sido muy conocido por el gran público, de no haber tenido lugar un acontecimiento único a principios del siglo XX.
Descubrimiento
Gracias a la conveniente financiación de Lord Carnarvon, el arqueólogo y egiptólogo británico Howard Carter pudo hallar la tumba de Tutankamón localizada en el Valle de los Reyes prácticamente intacta en noviembre de 1922. Después de muchos intentos, por fin lo habían logrado. Cuando Carter pudo vislumbrar el interior de la sala a través de una pequeña abertura por medio de una vela, y Carnarvon le preguntó si veía algo, él le respondió: ¡Sí, puedo ver cosas maravillosas! En tres mil años de historia, nadie había penetrado en aquel habitáculo. Acababan de realizar uno de los mayores descubrimientos del siglo. Pero no todo fueron celebraciones.

¿Maldición del faraón?
En la época de la revelación de la momia de Tutankamón, el mundo acababa de salir de la Primera Guerra Mundial y de la devastadora pandemia de gripe mal llamada española. Corrían los locos años 20 y el público necesitaba algo con lo que evadirse como historias de aventuras lejanas y exóticas después de sufrir millones de muertes. Desde el siglo XIX, la arqueología vivía una época dorada y el conocimiento por las civilizaciones de antaño no paraba de aumentar. Es aquí cuando surgió la archiconocida leyenda de «la maldición de Tutankamón». Entonces, ¿en qué consistió exactamente?
Al poco tiempo de descubrir la famosa tumba, empezaron a sobrevenir algunas muertes en extrañas circunstancias en un corto lapso de tiempo a personas que habían tenido algo que ver con el antiguo faraón, tales como excavadores o simples visitantes. Según la prensa de la época, tan solo 10 años después del descubrimiento, 13 personas ya habían fallecido. Entre ellas podemos encontrar al propio mecenas Lord Carnarvon (1923), además de a George Jay Gould (1923), Ali Fahmy Bey (1923), Sir Archibald Reid (1924), Georges Benedite (1926), Arthur C. Mace (1928) o Richard Bethell (1929). Un auténtico misterio.
¿Pero habían realizado un descubrimiento arqueológico o aquello era más bien una profanación? Algunos rumores afirmaban que a la entrada de la mencionada tumba, rezaba la siguiente inscripción: «La muerte llegará pronto a aquellos que perturben el reposo del faraón». Desde luego, las intenciones quedaban claras para todos aquellos que osaran adentrarse en lo desconocido. Sin embargo, esto no era del todo cierto, pues este tipo de mensajes no se encontraban en las tumbas de los reyes, sino en las de los civiles. La supuesta maldición que tanto dio que hablar durante años, por tanto, no existiría.
Algunos atribuyen la exposición a hongos tóxicos como explicación a las extrañas muertes prematuras ocasionadas durante el hallazgo de los restos del faraón. Otras como la de Lord Carnarvon, fue debida a una septicemia a causa de una herida. Para ahondar más en esta cuestión, el mismo Howard Carter murió a los 64 años el 2 de marzo de 1939 por causas naturales. Parece ser que el «vengativo» espíritu de Tutankamón, si es que alguna vez quiso hacer acto de presencia en el mundo de los vivos, se olvidó de cobrarse su principal víctima. Aquel que, de forma un tanto fortuita, lo hizo mundialmente famoso.

Bibliografía
Carter, H.; Derry, D. E. (1927). The Tomb of Tutankhamen. Cassel and Company.
Redacción de Culturales RTVE.es. «Tutankamón: Las 13 muertes que alimentaron la leyenda de la maldición del faraón. https://www.rtve.es/television/20221102/tutankamon-maldicion-muertes-historia-leyenda-documental/2407677.shtml.
R. H. Wilkinson; K. R. Weeks (2016). The Oxford Handbook of the Valley of the Kings. Oxford University Press.
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