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El mito de «El Dorado»

Uno de los mitos más conocidos de Sudamérica es «El Dorado». Un reino edificado enteramente en oro puro, capaz de calmar incluso al mismísimo rey Midas de la Antigüedad. Pero ¿existió o no?

Posible representación de El Dorado. Fuente: historiayarqueologia.com

La historia de Pedro y Álvaro

Finales del siglo XVI, Quito. Pedro se disponía a escribir sus memorias después de una vida de lo más ajetreada. No era tarea fácil, pues ahora debía ordenar todos los hechos en su cabeza. Siendo tan solo un muchacho, dejó su Valladolid natal para embarcarse al Nuevo Mundo en busca de fortuna y gloria. Nunca olvidaría su embarque en el puerto de Sevilla, una bulliciosa urbe donde se daban cita agricultores, mercaderes, marineros, soldados y maleantes de todo tipo. Fue en esta ciudad donde se encontró por primera vez con Álvaro, el que habría de ser su fiel amigo y compañero de aventuras.

-Cuentan que allá, al otro lado del vasto océano, nos esperan tesoros inimaginables-decía Álvaro con ojos soñadores.

-Dios te oiga, amigo, Dios te oiga-asintió Pedro preparándose para todo lo que estaba por llegar.

Álvaro había conocido a una bonita muchacha de nombre María, a la que le había prometido regresar rico para casarse con ella, pues ahora nada podía ofrecerle de provecho. Pedro quería ayudar a su amigo a cumplir su promesa a toda costa. Entonces pensaban que no les faltarían oportunidades en esas tierras, pues habían sido unos cuantos los que habían regresado cargados de fama y riquezas.

Ya en América les esperaba una epopeya a la misma altura que la que protagonizó Hernán Cortes años atrás: la conquista del imperio inca de la mano de Francisco Pizarro y Diego de Almagro. Fue una aventura épica en la que el valor de sus protagonistas pendió de un hilo. Pero, además de su ejército, Pizarro contó con la ayuda de pueblos nativos como los huancas, los chankas o los chachapoyas.

-¡Hemos alcanzado la gloria eterna!-sentenció Pizarro exultante-¡El imperio del Perú es nuestro!

Retrato de Francisco Pizarro, el conquistador del Perú

Los hombres de Pizarro y sus aliados indígenas, no pudieron todavía creer lo que habían conseguido. Pedro y Álvaro eran hombres afortunados. Al igual que el resto, apenas sí salieron de España con lo puesto. Ahora, todo el botín del emperador inca Atahualpa era suyo. Después de tantos avatares sufridos en tierras inhóspitas, al fin habían ingresado en las páginas de la historia. Y por todo lo alto.

Sin embargo, a pesar de todas las riquezas conseguidas a costa de los conquistados, aún no era suficiente para ellos. Pues en sus mentes solo cabía un pensamiento. Algunos indígenas les habían hablado de un emplazamiento único. Un lugar en el que podían adquirir riquezas inigualables, que iban más allá de cualquier raciocinio. Algunos lo llamaban «El Dorado». Mas a veces la avaricia rompe el saco.

-Un reino repleto de oro solo para nosotros, ¿te lo puedes imaginar Pedro?-dijo Álvaro con un brillo en su mirada-Si lo encontramos, tendré más que suficiente para casarme con María por fin.

-Quien sabe lo que nos espera en estas tierras, Álvaro-respondió Pedro esperando encontrar también aquel lugar sin igual-Todo es posible aquí, sin duda.

La siguiente misión para estos dos aventureros corrió a cargo de Gonzalo Pizarro y de Francisco de Orellana. Una de las metas de la expedición era precisamente encontrar «El Dorado», aquel mítico reino construido enteramente en oro del que tanto habían oído hablar. Solo de pensarlo, los ojos de aquellos desharrapados les hacían chiribitas. Pero aún les esperaban múltiples peligros. Demasiados, quizás.

Monumento a Orellana en Quito (Ecuador)

El río Amazonas

Año 1542, selva amazónica. Tras muchas vicisitudes en aquella expedición, Orellana había ordenado atravesar un gran río, uno cuyos límites no alcanzaban siquiera la vista. Apenas un puñado de intrépidos hombres se atrevieron a aventurarse por lo desconocido, Pedro y Álvaro entre ellos. Nadie había osado emprender antes una marcha de ese calibre. Mientras atravesaban la infatigable corriente de agua que parecía no tener fin, a Álvaro le pareció ver algo entre la densa espesura. Esta vez parecía algo realmente serio.

-Pedro, ¿has visto eso?-preguntó Álvaro a su leal amigo mirando a la selva impenetrable.

-¿Qué es lo que has observado?-le respondió Pedro algo preocupado.

-No sabría como explicarlo. Era como si unas sombras se movieran de entre los árboles, pero no eran animales, no. Algo mucho más grande y peligroso.

-Qué raro, a lo mejor la imaginación te ha jugado una mala pasada. Estos parajes son demasiado traicioneros, mi amigo-señaló Pedro.

-Puede, Pedro, puede. No obstante, deberíamos andarnos con mucho cuidado, pues nunca sabemos lo que podríamos encontrar…-Álvaro se quedó a mitad de la frase pues, sin previo aviso, una flecha venida de la lejanía se le incrustó en el cuello.

Entonces las vieron. Una tribu de mujeres guerreras apareció de la nada y les atacaron salvajemente. Sus flechas les llovían en todas direcciones. Ni siquiera en todos sus años de luchas y batallas habían visto nada igual y eso que se trataba de hombres aguerridos.

-¡A cubierto, nos atacan!-bramó Orellana a sus soldados-¡Abrid fuego! ¡Por el rey! ¡Santiago y cierra España!-a sus órdenes, ballestas y arcabuces rugían sin descanso.

Los hombres de Orellana cargaron sus armas y dispararon hacia donde pensaban que se encontraban aquellas implacables asesinas. Pero, a pesar de sus esfuerzos, era casi imposible distinguir nada de entre la maleza. ¿Acaso eran simples seres humanos o más bien se trataba de demonios surgidos de las profundidades del infierno? Mientras tanto, al compañero de Pedro se le iba agotando el tiempo, como si un reloj de arena se hubiera adueñado de él para arrebatárselo sin remedio. Toda su vida pasó ante sus ojos en un instante, hasta encontrarse con el rostro de María.

Río Amazonas

-Aguanta, Álvaro, aguanta. No te mueras, por favor-suplicó Pedro con lágrimas en los ojos.

-Pedro, este es el fin, lo sé. Cógeme de la mano, amigo, no me queda mucho tiempo-decía Álvaro con un hilo de voz. Su amigo obedeció a la vez que no perdía de vista a sus atacantes y protegiéndose como buenamente podía. Oscuros pensamientos se abatieron sobre él. Perdidos en mitad de la jungla y siendo masacrados por una banda de mujeres endemoniadas. ¿Qué pueden hacer los hombres ante tan aciago destino? ¿De qué valían todas las riquezas del mundo ahora?

-Señor ten piedad de mí y acógeme en tu seno, he sido un horrible pecador-imploró Álvaro mirando al cielo con su último aliento-Lo siento, María, lo siento mucho-se lamentaba malherido y al borde de sus menguantes fuerzas. A los pocos momentos su mirada quedó vacía.

Pedro sabía que el alma de su amigo ya no pertenecía a este mundo. Nada podía hacer. Tan solo esperaba que Dios hubiera escuchado sus últimas palabras y le perdonase sus acciones. Aún así, rezaría por su alma desdichada el resto de su vida. Sí, lo haría por aquel amigo que le había enseñado a aspirar a una vida mejor y a explorar más allá de los límites imaginables por los mortales. En ese momento, se prometió seguir hasta el final. Por Álvaro y por sus sueños perdidos, sí. Pero de El Dorado, ni rastro. Nunca lo encontraron. Aunque quizás eso fuera lo mejor para todos.

Reflexiones de una vida pasada

Mucho tiempo después, Pedro recordaría aquella emboscada y el nombre por el cual se bautizaría ese cruel crío donde perdió a su mejor amigo:Amazonas. Sí, pues aquellas mujeres habían sido tan duchas en el arte de la guerra como lo eran los hombres, o si cabe mejor todavía. Al igual que en los relatos de los antiguos griegos, cuyas historias parecían tener su eco en aquellas tierras tan alejadas de la mano de Dios. Todavía quedaba mucho por descubrir en ese inmenso continente que se apodaba América. Pero las aventuras habían acabado para él.

Representación de las amazonas. Fuente: RedHistoria

Ahora ya en su vejez, y con los ojos cansados, Pedro escribía de forma infatigable para que sus recuerdos no cayeran en el olvido. Pues, a lo largo de los años, habían sido muchos los que habían perecido a su lado. No quería que todo aquello se perdiera para siempre. Mas había algo que todavía le producía pesadillas. Era ese maldito reino de oro que todo el mundo buscaba ansiadamente y que no se hallaba por ninguna parte. ¿Y si todo era una mera ilusión? ¿Cuántos valientes hombres más debían morir por una causa que no conducía a nada?

La incansable búsqueda de «El Dorado»

El Dorado fue uno de los objetivos prioritarios de los exploradores europeos más intrépidos cuya sed de oro parecía no tener fin. Fueron muchos los posibles lugares donde se ubicaba este supuesto reino: las actuales Colombia, Venezuela, Perú, Ecuador, Bolivia, Brasil o las Guyanas. Las expediciones se sucedían una detrás de otra sin descanso buscando aquel territorio hasta arriba de oro… sin ningún resultado tangible. Entonces, ¿de dónde vino este mito? ¿Acaso tuvo alguna base real?

Por lo que parece, el origen de esta leyenda se encontraría en un ritual realizado en el altiplano cundiboyacense (actual Colombia). En pleno siglo XVI, los conquistadores españoles tuvieron noticias de como un cacique de los muiscas cubría su cuerpo en polvo de oro y efectuaba ofrendas en la laguna de Guatavita, considerada sagrada por los nativos. A su vez, con el objetivo de apaciguar a una deidad que habitaba en el fondo del agua, los habitantes del lugar solían derramar joyas y objetos de oro.

Laguna del cacique Guatavita (Colombia)

Una vez conocida esta práctica, los españoles intentaron drenar la laguna con la intención de hacerse con el codiciado tesoro presente en la misma. Lograron bajar el nivel del agua lo suficiente como para obtener algunos objetos situados en la orilla. Aún así, lo más valioso del tesoro se encontraba en lo más hondo, lejos de su alcance. Al igual que ocurre con otras historias, a medida que pasaba el tiempo, este relato dio forma a uno de los mitos más famosos de toda América: «El Dorado».

Muy pronto las tribus americanas se dieron cuenta de la debilidad que los españoles sentían por el oro, así que algunas de ellas empezaron a inventarse historias fantásticas acerca de reinos perdidos construidos enteramente en este metal precioso. Quizás con el objetivo de que les dejasen más tranquilos. Renombrados exploradores como Francisco Pizarro, Francisco de Orellana, Sebastián de Belalcázar o Gonzalo Jiménez de Quesada se encargaron de engrandecer aún más la leyenda con sus relatos.

Tesoro de los muiscas

Hasta el siglo XIX, no fueron pocos los que trataron de encontrar este fabuloso emplazamiento donde literalmente se podía arrancar un adoquín del suelo o un bloque de la pared y hacerse rico. No obstante, y como ya hemos señalado, todo se trata de una creación ficticia obra, bien de los aventureros europeos que se atrevían a probar suerte en el Nuevo Mundo, o bien de los nativos americanos quienes no dudaban en emplear su astucia para deshacerse de aquellos extraños venidos de muy lejos. Pero…¿quién sabe?

Cultura popular

La importancia de «El Dorado» ha calado muy hondo en la cultura popular. Son casi innumerables las referencias a este lugar en la literatura, la música, el cine o el videojuego, entre otros medios. Podríamos citar la alusión a esta mítica ciudad en la cuarta historia de la saga de Indiana Jones, «Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal». En ella, durante la Guerra Fría, el valiente arqueólogo estadounidense debe cumplir una misión en El Dorado antes de que los soviéticos se le adelanten.

Otra película a destacar sería «La ruta hacia El Dorado», en la que dos jóvenes aventureros españoles se hacen con un mapa que les conduce hasta el reino de oro ubicado en el Nuevo Mundo. No obstante, en ella tienen lugar algunos errores de bulto, como por ejemplo coincidir en el tiempo con las conquistas de Hernán Cortés, cuando estas se dieron en el Valle de México y no en Suramérica, el sitio por antonomasia de «El Dorado». ¿Descubriremos algún día el legendario reino? ¿O permanecerá oculto a nuestros ojos?

Cartel promocional de «El Camino hacia el Dorado» (2000)

Bibliografía

Bandelier, A. F. A. (1893).The Gilded Man, Eldorado. New York.

Drye W. «¿Mito o verdad? ¿Qué es y dónde está El Dorado?» Historia National Geographic.

Durana, M. (2023). «En busca de El Dorado, la ciudad mítica de América». Historia National Geographic.

Galán. E. J. (2019). La conquista de América contada para escépticos. Planeta, Barcelona.

Villanueva, F. (2017). «En busca de El Dorado». La Contrahistoria.

Von Hagen, V. (1974) The Golden Man: A Quest for Eldorado. Saxon House, England.

Wood, M. (2000). Conquistadores. BBC Books.

Foto de portada de historiayarqueologia.com

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