¿Conoces la historia de la siniestra calabaza de Halloween, su símbolo por autonomasia? Adéntrate en la leyenda de Jack-o’-lantern, un astuto personaje que acabó condenado para toda la eternidad.

La historia de Jack-o’-lantern
Cuando alguien nos menciona la palabra «Halloween«, posiblemente la primera imagen que viene a nuestra mente sea la de una calabaza hueca por dentro, con una sonrisa malévola y dotada de iluminación. No en vano, este sea quizás el símbolo por excelencia de esta fiesta tan popular. Lo que parece que no es tan famoso entre el gran público, es la siniestra leyenda de Jack-o’-lantern, un alma errante cuyas acciones quedaron rememoradas por siempre jamás. ¿Pero quién fue este personaje? ¿Y que tiene que ver con Halloween?
Corría el año 1836 cuando el periódico irlandés Dublin Penny Journal publicó una peculiar historia titulada Stingy Jack («Jack el Tacaño»). Según cuenta este relato, Jack fue un irlandés aquejado de alcoholismo dotado de grandes dosis de astucia, aún cuando se hallaba en estado de embriaguez. Fue tal su cosechada fama que el mismo demonio quiso conocerle en persona con el objetivo de llevarse su alma. Pero Jack no era alguien que se dejara amilanar tan fácilmente. Más pronto que tarde, llegó el momento del singular encuentro entre el hombre y el ángel caído.
Así pues, el demonio hizo acto de presencia ante el irlandés para hacer valer su propósito.
–Jack, he sido convocado al mundo terrenal para llevarme tu alma al fuego eterno. No tienes escapatoria.
La sentencia del Príncipe de las Tinieblas parecía inapelable. Pero a pesar de su habitual borrachera, Jack ideó una hábil estrategia para librarse de su fatal destino. Sin pensárselo dos veces, convenció a su verdugo de tomarse una última consumición.
-Está bien, iré al infierno contigo, pero antes me gustaría tomarme una cerveza como mi última voluntad.
-Así se hará- sentenció el demonio.
El Diablo, que no terminaba de fiarse del todo de Jack pero que no quería quedarse sin su ansiado premio, decidió adoptar la apariencia de un hombre y lo acompañó hasta una taberna cercana. ¿Qué estaría tramando aquel fanfarrón que casi no podía tenerse en pie? Pero al fin y al cabo solo era una cerveza a cambio de una suculenta alma. He aquí cuando tomó forma el sagaz plan del irlandés. Después de apurar el último sorbo de su cerveza, ni corto ni perezoso, Jack alegó que se hallaba sin blanca, por lo que pidió a su acompañante transformarse en una moneda.
-Anda, necesito pagar, utiliza tus poderes para convertirte en una moneda.
-Que sea la última vez que te hago un favor. Además, recuerda: tu alma me pertenece.

El demonio obedeció y entonces ¡zas! Justo cuando Jack introdujo la moneda recién transformada en su bolsillo, le aguardaba un crucifijo dentro de él. ¿Pero qué diantres era aquello? El ángel caído no podía creérselo. Ante la presencia de este sagrado objeto, los poderes del Diablo dejaron de surtir efecto. Sin saber todavía exactamente cómo, había quedado desarmado frente a aquel patético borracho. Maldita sea. Había subestimado las habilidades de este personaje.
Incapaz de volver a su forma original, Satanás no podía cumplir con su cometido. A cambio de su liberación, Jack le hizo prometer que le perdonaría por un plazo de diez años. Esta fue la primera vez que el ingenio de Jack superó a las argucias de su diabólico oponente. Pero todavía no le había vencido por completo. Pasado el tiempo estipulado, el Diablo regresaría para cobrarse su particular venganza. En la siguiente ocasión lo lograría. No podía permitirse fallar de nuevo.
-Volveré, Jack, volveré. Y la próxima vez me las pagarás. Tenlo por seguro.
El demonio regresó a las profundidades infernales pero no tardaría en volver a ocuparse de sus asuntos terrenales. Jack le había estado esperando todo este tiempo, pues tonto no era. Sabedor de que sus artimañas le habían beneficiado, de nuevo engañó a su enemigo arrancándole un último deseo: comer la manzana más alta de un árbol cercano. Quizás así podría volver a darle esquinazo, si sabía jugar bien sus cartas.
-Mi alma será tuya, pero antes me gustaría comer una manzana de aquel árbol. La que se encuentra en lo más alto.
-De acuerdo. Pero te lo advierto: no me intentes engañar otra vez, insignificante mortal.

Para cuando el Diablo había alcanzado la cima para conseguir el tan ansiado fruto, Jack procedió a arrojar crucifijos a sus pies para inmovilizarlo y evitar que así pudiera utilizar sus poderes como había sucedido anteriormente en aquella taberna. Otra versión cuenta que talló con un cuchillo una cruz a toda prisa en el tronco del árbol, consiguiendo el mismo resultado. Sea como fuere, otra vez había salido airoso. ¿Pero por cuánto tiempo?
El demonio había vuelto a fracasar de forma humillante. Jack aprovechó el momento para hacer jurar a Satanás que jamás se llevaría su alma consigo. Esta vez ya no le volvería a molestar. O al menos eso es lo que pensó en aquel instante el astuto Jack, pues quizás le esperaba algo poco o nada halagüeño en el futuro sin poder saberlo todavía. Aún así, necesitaba gastar sus últimas esperanzas, aun obrando de una manera tan poco deportiva.
-Júrame que jamás volverás a por mí. ¡Júralo ahora mismo!
-Lo juro. Pero grábate esto Jack: nada ni nadie puede librarse de su destino. De una manera u otra, tu fantástica suerte ya no te acompañará. ¡Jajaja! Sus cavernosas carcajadas tronaron en los oídos del incrédulo irlandés.
El Príncipe de las Tinieblas desapareció dejando tras de sí un fuerte olor a azufre. Harto y cansado de aquel hombrecillo, Satanás decidió cumplir su promesa y se olvidó de su cometido. No valía la pena pasar tantas penurias por un alma, ni siquiera la de Jack. Sin embargo, los excesos del irlandés a lo largo de su existencia acabaron llevándole a la tumba. Donde había fallado el Diablo, el cruel alcohol se encargó de terminar la tarea por él. Irónico pero cierto.
Pero fue aquí donde la astucia de Jack le reservó una mala pasada. Debido a sus numerosos pecados, Dios le negó la entrada al Cielo. Eso bajo ningún concepto. Demasiadas fechorías cometidas en vida. A su vez, también fue rechazado en el Infierno, debido al acuerdo que había suscrito con Satanás tiempo atrás. Al llegar a las puertas del inframundo, el demonio le dedicó una amplia sonrisa llena de malicia y le habló con un tono cargado de perspicacia.
-Cuánto tiempo ha pasado Jack. Qué pena que no puedas acompañarme a mi morada. Pero no te preocupes, todavía tengo algo reservado para ti. Para que, a partir de ahora, te acuerdes siempre de mí allá donde vayas.
Así, Jack quedó condenado a errar por toda la eternidad sin rumbo fijo. Como única baza, el Diablo le obsequió con una brasa del infierno que Jack cogió para depositarla en un nabo y crear un farolillo. Así iluminaría su camino por siempre jamás. Desde entonces, este personaje fue conocido como Jack-o’-lantern, un alma en pena sin ninguna esperanza ni consuelo. La venganza se había cumplido al fin. Pues ningún ser humano osa engañar al Diablo dos veces sin sufrir las dramáticas consecuencias. Y sin una sola gota de alcohol.

Otras versiones
Existen muchas historias acerca de Jack-o’-lantern. En otros relatos, Jack era perseguido por unos aldeanos a los que había robado previamente. Es aquí cuando se le aparece el Diablo con la misión de condenarle por toda la eternidad, pero antes Jack le sugiere castigar a los pueblerinos por ser fervorosos seguidores de Jesucristo. Al igual que en la anterior versión, le acaba convenciendo para convertirse en una moneda de plata y así poder utilizarla como medio de pago para los bienes robados.
Después, cuando la moneda se esfumara, los aldeanos se pelearían entre sí por no saber quien de los dos se la había apropiado. Pero entonces Jack introduciría la moneda en un saco junto a una cruz robada para salirse con la suya. En ambos mitos, el astuto irlandés solo deja en libertad al demonio una vez que este accede a sus deseos. También hay otros relatos donde Jack recibe la ayuda de Dios para sobreponerse al Diablo. A su vez, el pacto suscrito entre Jack y el demonio suele variar bastante dependiendo del narrador.
El origen de la calabaza
Hemos dicho que el Diablo le cedió una brasa infernal a Jack y este creó un farolillo en forma de nabo en su larga travesía hacia ninguna parte. En las islas británicas (Irlanda, Gran Bretaña) se solían colocar amuletos con la cara de Jack en las casas con el objetivo de ahuyentar a los malos espíritus y rememorar de alguna forma al eterno errante y a sus hábiles artimañas para mantener a raya al demonio. ¿Pero entonces de donde viene la archiconocida calabaza?
La historia de Jack llegó al otro lado del Atlántico junto con emigrantes irlandeses durante el siglo XIX en diferentes oleadas. En América del Norte, debido a la gran abundancia de calabazas, la narración del astuto irlandés se fundió con la del jinete sin cabeza de Sleepy Hollow para crear el símbolo más conocido de Halloween. El farolillo en forma de nabo sería reemplazado por esta hortaliza tan popular en nuestros días. Y el resto es historia. ¡Cuidado con Jack!

Bibliografía
G.M. Abel. (2022). «Samhain, la festividad celta que dio origen a Halloween». Historia National Geographic. https://historia.nationalgeographic.com.es/a/samhain-festividad-celta-que-dio-origen-a-halloween_18583
G.M. Abel. (2022). «El origen de jack o’lantern, la calabaza de Halloween». Historia National Geographic. https://historia.nationalgeographic.com.es/a/origen-jack-olantern-calabaza-halloween_18592
«Halloween».(2009). Britannica Concise Encyclopedia. Chicago: Encyclopædia Britannica. Credo Reference.
Rogers, N. (2002). Halloween: From Pagan Ritual to Party Night. Oxford University Press.
Foto de portada de Nationalgeographic.com
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